Hace miles de años que un buen día, alguien a medias entre mono y ser humano se dio cuenta de que las piedras redondas podían rodar y se movían por inercia. Poco tiempo después aplicó ese descubrimiento para transportar cosas. Usó troncos sobre los que deslizaba cosas pesadas. Luego vinieron los Picapiedra con su troncomóvil, y el resto es historia. 
Desde entonces hasta ahora, la rueda sigue siendo uno de los mayores inventos de la Humanidad, presente en miles de aplicaciones. Quizá una de las más recientes es la que podemos encontrar en los ratones de ordenador actuales, pese a que no siempre fue así. ¿Os acordáis de cuando los ratones tenían tres botones? ¿Alguien llegó a averiguar para qué demonios servía el del medio?
Como evolución natural, estos dispositivos tendieron a eliminar el botón del centro. Su utilidad era nula, por tanto desapareció. Quizá es ése el motivo de lo que vengo observando recientemente y que motiva esta entrada.
En los ratones más modernos, esa tecla central ha sido sustituida por una ruedecilla, que ha supuesto la mayor evolución de estos dispositivos en muchos años. Gracias a esa preciosa rueda, evitamos tener que desplazar el ratón hasta la esquina de la pantalla para movernos por las barras de desplazamiento. Con el surgir de Internet y las páginas web, se extendió y popularizó su uso, permitiendo una lectura cómoda y rápida de las largas webs.
Y yendo al grano, lo que quería comentar aquí es el siguiente experimento, para el cual necesitarás un ratón con rueda, y un navegador web con pestañas (IExplorer desde su versión 7, o Firefox valen):
- Escoge un enlace en cualquier página web, por ejemplo éste.
- Coloca el cursor sobre el enlace.
- Ahora, sin mover el cursor pulsa en el enlace con la rueda del ratón.
Y ya está, has abierto una nueva pestaña del navegador sin necesidad de menús contextuales. ![]()
¿Ya lo sabías? Entonces enhorabuena, aunque me temo que te he hecho perder el tiempo… Peeeeeero si no lo sabías, seguramente te habré hecho ganar mucho tiempo las próximas veces que navegues.
Ya puestos, “pulsar” la rueda del ratón nos sirve también para cerrar las pestañas de los navegadores sin tener que acertar en la “x”, y para hacer scroll sin tocar las barras ni la rueda (siempre que no estés encima de un enlace, claro).
Ya sabéis, aprovechad este antiquísimo invento de la Humanidad, que lo tenéis al alcance de la mano.
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