Si es que ya lo decía Bilbo Bolsón: Es peligroso cruzar tu puerta. Pones tus pies en el camino y si no cuidas tus pasos nunca sabes a dónde te pueden llevar.
Y lo mejor de todo es que esto es lo fascinante de emprender un viaje cualquiera con destino incierto. Nunca sabes dónde llegarás. Sólo conoces de dónde partes, y sólo ves los pasos que poco a poco vas dando, y no ves el camino recorrido hasta que no vuelves la vista atrás.
A día de hoy he conocido todo tipo de gente; personas que no se atreven a cruzar su puerta; gente que se pone en camino y se pierde; gente que a mitad de camino decide incomprensiblemente que ya ha llegado; y luego están otro tipo de gente que camina infatigable, sabedores de que su destino es el propio camino. Desde hace pocos días, la frase del comienzo me ronda la cabeza, al pensar en una amiga valiente, que no tiene ningún tipo de miedo ni pereza a andar por su propio pie, por mucho que en su momento le costara dar el primer paso.
A ella poco más se le puede decir, tiene el coraje suficiente para saber lo que debe hacer y para hacer lo que desea. Nunca los caminos se saben donde acaban, si es que lo hacen alguna vez, y justamente aquí está lo esencial de todo viaje, estar abierto a las sorpresas del camino, atento a las personas con las que te cruzas, y deseosos de seguir descubriendo cada nueva etapa.
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